Entrevista a Víctor Rivas. Radioasta y conductor de “Más que el ruido”.

Al final es hacer arte, como cualquier obra de arte, un cuadro, una escultura. El sonido es otro material para trabajar.

Víctor Rivas.

Institución andante, guía de miles, quienes a través de sus receptores radiofónicos han escuchado durante mucho tiempo sus programaciones. Actualmente conductor y productor del programa de radio “Más que el ruido” de Radio Universidad de Guanajuato Desde 1998 ha conducido y producido diversos programas sobre música electroacústica, arte sonoro, música alternativa, contemporánea y experimental. Entre ellos destacan: La Leyenda del Callejón del Ruido, La Changunga Mecánica, Zona de Obras y La Placa Madre.

Este año en el White.Noise Fest Víctor Rivas presentó una pieza electroacústica en la edición del Distrito Federal. En Guanajuato asistió a los talleres impartidos por André Damiao y Graciela Muñoz Farida, ahí fue donde nos acercamos a él para que nos concediera la siguiente entrevista.

¿Cuál es su consejo a los que todavía no entran a la Academia?

La verdad yo no sabría que decirles, porque por un lado creo que sí es importante y necesario que entren a la academia, a alguna institución, pero que sean buenas escuelas y buenos maestros; y por otro lado no sirve de nada si te metes a una mala escuela o estás con un maestro que en realidad no le interesa enseñar, como pasa en muchos casos. Prefieres mejor salirte y volverte autodidacta porque el maestro de plano no le echa ganas.

A mí me pasó algo parecido pero tuve la fortuna de conocer a Roberto Morales, él fue mi maestro desde que entré en 1995 a la escuela de música. Desafortunadamente sus materias no eran oficiales en el Laboratorio de Informática Musical y eran las materias que más me entusiasmaban; las otras clases también me gustaban por supuesto: solfeo, teoría del arte, instrumentos. Pero me entusiasmaban más las clases de Roberto porque me gusta todo este tipo de cosas, las computadoras, programar y todo eso; aparte también el entusiasmo que transmite Roberto. La verdad en ningún otro maestro lo notaba; a los demás maestros siempre los veía muy tristes, como que estaban resignados; como no triunfaron como artistas o no lograron hacer nada importante, se refugiaron en la academia y eso también se lo transmitían a los chavos. Roberto no. Roberto desde el principio nos aventó al ruedo, a los que fuimos sus alumnos en aquella época.

¿Cuando comenzó el Laboratorio de Informática Musical?

El laboratorio empezó en 1993, y como no eran clases oficiales, la población estudiantil del laboratorio variaba mucho; los alumnos que se salían pensaban que las materias eran fáciles pero ustedes han visto que hay que echarle “matemáticas”, y muchos desertaban. Fuimos poquitos los de aquella generación, fuimos como 5.

Sobre la primera computadora NeXT en el Laboratorio

Sí repercutió a nivel nacional. Cuando yo iba a México me decían “¿Tú eres de Guanajuato? Ahí tuvieron la primera NeXT en México, ¿verdad?”. Roberto siempre procuró equipar bien el laboratorio. Después de la NeXT logró conseguir dos Silicon Graphics con las que yo empecé a hacer música electrónica. Posteriormente consiguió las Macintosh, que fueron las que estaban más al alcance pues era difícil conseguir una buena computadora para componer música de este tipo, y el sistema de Mac era más amigable. Entonces ahí nos refugiamos, en Mac OS, en donde aprendí muchas cosas. Al final no cumplí con los requisitos académicos y me sacaron de la escuela pero yo seguí con Roberto, aparte.

Víctor Rivas

¿Qué forma de hacer música se utilizaba en el laboratorio?

Fue mi primer contacto con la música electroacústica, yo no sabía nada sobre esto. Pensaba que se trataba de lo que conocemos de manera popular, los sintetizadores pop, el dance, el house y todo eso. Creo que la diferencia está en la cuestión académica, algo más formal digamos, una propuesta más profunda.

Al final es hacer arte, como cualquier obra de arte: un cuadro, una escultura; el sonido es otro material para trabajar. Yo tuve que esforzarme mucho, junto con los chavos que estábamos en aquella época.

Primero entender ese tipo de música que Roberto nos hizo escuchar, nos preguntaba: “qué sientes al escuchar esto”, y contestábamos: “no, no nos dice nada”. Eso fue en un principio, pero él procuró también traernos gente de México y del extranjero para demostrarnos que esto era en serio, que es música que se hace igual que las otras artes, con dedicación, con disciplina, con estudios.

Trajo a Manuel Rocha y a Antonio Russek para que los conociéramos y nos dieran talleres; no son de los pioneros precisamente, pero sí son de la generación siguiente que empezó a hacer música electracústica y a difundirla en la década de los 80’s. Ellos son de la generación de Roberto. También trajo gente como Ake Parmerud que es un músico sueco muy importante.

Entonces como que todo eso le daba cierta formalidad a los estudios, porque a veces nos desanimábamos y nos decíamos “¿Quién va a escuchar esto?”. De forma paralela Roberto organizaba el Callejón del Ruido, un festival muy importante que tuvo una época muy fuerte a finales de los 90´s y principios de los 2000. Vinieron artistas muy notables que no eran famosos aquí en cuestión de popularidad pero si muy reconocidos en la academia, en sus universidades y en sus países.

También en este festival los estudiantes nos involucrábamos, no solo como espectadores o en la logística, sino como artistas participantes. Apoyábamos en la organización, pero también Roberto nos aventaba al ruedo, nos decía “este día tienen que presentar una pieza porque este día es para estudiantes, es de ustedes”.  Era raro presentar piezas acusmáticas, porque la gente a veces se salía del teatro pues necesitan una referencia visual, no sólo auditiva, y eso nos costaba mucho trabajo entenderlo, pero aun así Roberto nos impulsó y aquí seguimos.

¿Cómo te pareció la recepción del público en el White.Noise Fest [ex nihilo]?

A mí me dio mucho gusto porque me hizo recordar aquella época. Hay ocasiones en que te desanimas porque te critican y dicen “eso no es arte,  eso no es música, es puro ruido”. Sin embargo en esta ocasión durante las presentaciones sentí como un deja vú, me acordé de los Callejones del Ruido que eran en el Teatro Principal; el número de personas que asistieron eran más o menos el mismo, pero sentí que ya los chavos están más involucrados, más familiarizados.

He notado esa diferencia también con el programa de radio pues en un principio cuando entré a Radio Universidad y empecé a hacer programas de este tipo, de música electroacústica y arte sonoro, me criticaban mucho; yo me defendía diciendo que era una cuestión académica, entonces ya se calmaba la gente o les despertaba cierto interés.

¿Crees que existe una resistencia hacia este tipo de arte?

Si, muy fuerte. Incluso te llega a desanimar y algunos compañeros dejan de hacer este tipo de música.

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Sobre  el programa de radio Más que el ruido.

Yo entré a trabajar en 1996 a Radio Universidad de Guanajuato, entré como operador-locutor pero me interesó después la producción de radio y mis primeras producciones tuvieron que ver con el Callejón del Ruido. Aproveché que estaba participando en este festival y con otros compañeros grabábamos los conciertos y hacíamos entrevistas. Así hicimos un programa que se llamaba “La Leyenda del Callejón del Ruido”. Después hice otro que se llamaba “La Placa Madre” en 1998 también sobre este tipo de  música. A pesar de que a veces la gente hablaba para quejarse, ese programa duró como cinco años y al final la gente me hablaba para recomendarme música y artistas relacionados a estos géneros.

Entonces ahora que regresó Roberto, ya que anduvo estudiando su doctorado, cuando coincidíamos siempre me decía “vamos a hacer algo”, así que iniciamos otro programa de radio también de arte sonoro. Así fue cómo surgió “Más que el Ruido” ya contando con el apoyo de Roberto, porque si yo hubiera hecho la propuesta solo, a lo mejor me dicen “ese tipo de programas no”. Pero como Roberto tiene doctorado y aquí vale mucho el titulo, son como títulos de nobleza y pues lo respetan, así que pasó el proyecto, tratando de demostrar que va en serio, que es música seria, que se puede incluso promover y crear públicos.

Ahora con las nuevas tecnologías los chavos ya se familiarizan más rápido, se les hace ya normal escuchar este tipo de propuestas. Así surge “Más que el Ruido”, con Roberto en la producción y yo en la conducción.

¿Que se han dedicado a transmitir en “Más que el Ruido”?

Hemos procurado meter de todo pero que tenga que ver con tecnología, eso se lo aprendí mucho a Roberto. Él no está casado con un solo género, es compositor de música contemporánea pero le gusta mucho la salsa, la cumbia, los boleros y siempre nos ponemos a escuchar este tipo de cosas. En el programa a veces metíamos este tipo de música; yo a veces si me “friqueaba” y le decía: “Roberto, nos van a reclamar” y él “Mira, escucha ésta de Juan Luis Guerra, vamos a ponerla”.  -“Pero no tiene nada que ver con el programa”,  -“Ah no importa, la música es música”. Yo pensaba que nos iban a hablar para regañarnos y decirnos “defínanse, ¿es serio el programa?”. Pero bueno, siempre procuramos dar un contexto a la música que programamos en “Más que el ruido”, no es tanto poner por poner nada más. Nos preocupamos por dar desde datos históricos hasta formas de composición.

Y al final tratamos de darle un toque informal precisamente para que la gente se acerque a estos géneros musicales. Podemos poner mucho ruido, como algo de “noise” muy extremo que incluso decimos antes de ponerlo al aire “no vayan a pensar que se fue la señal, así es la pieza y es de un músico que tiene años haciendo esto, con una trayectoria muy importante”. Después para que se relajen vamos a escuchar esta pieza de Mike Patton haciendo música más seria, mucho más formal digamos, y así nos vamos. La idea es difundir el arte sonoro, en general.

¿En qué estilos musicales has incursionado?

Quise hacer música electroacústica pero creo que desde un principio me incline a la poesía sonora, aunque yo no sabía que hacia poesía sonora. También me involucré mucho con el radio arte porque entré a trabajar en radio y empecé a escuchar piezas de radioarte y entender este concepto.

El radioarte es arte sonoro que es “radiable”, podríamos decir. Que tiene elementos de radio. Son elementos concretos, que puedes reconocer. Desde una voz hasta el sonido de una puerta, un coche. Ese género no solamente los músicos lo pueden hacer, están involucrados sobre todo los productores de radio o artistas plásticos porque tienen cierta formación de arte sonoro. En aquella época a finales de los 90´s yo chocaba mucho con el concepto de música electroacústica que nos estaba enseñando Roberto y con el concepto de radioarte que estaba aprendiendo en RadioUG. Al final me fui por en medio hacia la poesía sonora. Cuando hice la pieza de Jaime Sabines, “La salvaje costumbre”, yo no sabía que era poesía sonora, sino música electroacústica o simplemente arte sonoro.

Algunos me decían es poesía sonora, otros me decían es radioarte. Ahí hay un rollo de los conceptos muy ambiguo, creo que hasta la fecha los expertos que se dedican a eso no tienen todavía muy definido, por eso se crea el término arte sonoro, para englobar todo.

Al final es arte y suena. La música electroacústica se le dice así porque es hecha por compositores que tuvieron formación académica y tradicional digamos, pero incorporan elementos electrónicos y sobre todo las obras mixtas que consisten en la combinar electrónica con un instrumento tradicional, digamos un violín, un ensamble, un pianista. También he estado haciendo cosas de poesía visual, radioarte y a veces instalación sonora.

¿Y la pieza que presentaste en el disco Contacto Quanax?

Lo pondría en la parte de poesía sonora aunque quise como variarle, darle la vuelta. Es un texto de Andrés Henestrosa, una poesía en zapoteco. Me gustó como sonaban las palabras en zapoteco e intenté meterle “glitch”, es decir, la estética del error con la computadora. Con propósitos estéticos, provocaba los errores sonoros/digitales. Escuché el texto y quise desfigurar toda la pieza, y esa fue la que propuse para el disco.

¿Y la pieza del WhiteNoise.Fest en DF?       

Con esa pieza quise verme más académico. Es una pieza electroacústica total, la titulé “El ruido de mi iPad al caer”, jugando con el título de la novela de Juan Gabriel Vásquez. Son unos sampleos que salvé de mi iPad cuando se me cayó. Se corrompieron los archivos y pensé “de aquí puede salir algo”.  Fue la pieza que envié a México, no me acuerdo con quien me programaron ni el lugar donde fue, pero Emmanuel me dijo que asistió mucha gente.

¿Qué les dirías a los entusiastas del Arte Sonoro?

Pues que le echen muchas ganas, que no se desanimen. Siempre habrá foros, grandes o pequeños, es cuestión de ser paciente y perseverante; por eso les ofrezco mi programa cuando quieran presentar cosas. Porque entiendo que uno puede llegar a desencantarse, ya sabes que el arte aquí en México no es muy bien reconocido o pagado. A lo mejor por un momento olvidar que no vas a vivir bien de esto, pero si decides vivir del arte, debes dedicarle tiempo completo, y es muy difícil en cualquier expresión artística dedicarte de lleno pues tienes que sacrificar muchas cosas. Les diría que se claven, que se apasionen, que enloquezcan; creo que de alguna manera la tienen más fácil con tutoriales en internet de programas como Supercollider y PureData. Puedes consultar y despejar dudas fácilmente contactando gente por Twitter o Facebook y dedicarle más tiempo.

Radioasta. Ingresó a laborar en 1996 a Radio Universidad de Guanajuato donde ha fungido como operador,  locutor de cabina, co-productor, productor, programador nocturno, técnico de grabación y de controles remotos. Ha recibido diversos reconocimientos nacionales e internacionales por sus aportaciones al radioarte. Miembro del Laboratorio de Informática Musical de la Escuela de Música de la Universidad de Guanajuato (1996-2001). Sus trabajos han sido programados en festivales y eventos internacionales.

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