Omar Fraire. Compositor y artista contemporáneo.

Entrevista a Omar Fraire en Guanajuato Capital. Artista originario de Guadalajara, Jalisco. Su trabajo abarca diversas áreas de la música y el arte contemporáneo. Organizador y curador del proyecto “Punto Ciego” definido como un Encuentro Acústico de Sucesos Simultáneos en la Ciudad de Aguascalientes. Sus obras se han presentado en diversos festivales. Fue en el WhiteNoise.Fest [ex nihilo] donde nos acercamos a el para que compartiera algunas ideas sobre su visión del arte como área de exploración de la realidad.

Platícanos ¿cómo te interesaste en el arte?

De niño quería ser inventor y destruía juguetes para construir robots. Esa curiosidad me fue llevando a querer inventar sonidos. Después tenía una guitarra y quería tocar punk. Llegué así a la academia y después de conocer la música de Bach no hubo marcha atrás. Estudié composición en Colima, en Guadalajara y en Holanda y luego regresé a México. He trabajado en varias orquestas como chelista. Siento que desde entonces descubrí este interés por el arte. Actualmente vivo en la ciudad de Aguascalientes donde doy clases de composición en la escuela Manuel M. Ponce y también en la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Soy de Guadalajara y me dedico al arte contemporáneo, una parte de mi trayectoria se dividió de la música hacia otro tipo de disciplinas e interacciones con el arte.

Nos podrías explicar ¿cuál es tu perspectiva sobre el arte contemporáneo?

Contemporáneo es un término que define históricamente lo que sucede ahora. Lo que significa para la música o el arte tiene que ver con darse cuenta de una serie de fenómenos simultáneos y relaciones complejas que van de lo social a lo cuántico y que dan sentido a nuestro momento. Es una forma de relacionarnos con el mundo, lo contemporáneo del arte, desde mi perspectiva es la forma en la que la vida se puede concebir ahora.

¿Crees que existe una resistencia hacia la recepción del arte contemporáneo? ¿Qué estrategias se necesitan para llegar a la audiencia?

Sí, creo que existe una resistencia, ¿a qué se debe? Al principio yo pensaba que era falta de conocimiento, falta de bagaje histórico, lo cual puede ser verdad en cierta medida, pero es también un ejercicio de poder decir que el arte sólo puede apreciarlo la gente que conoce. Para mí eso no es verdad. La única forma de apreciar el arte es estar abierto al fenómeno y enfrentarte completamente a él como humano. Pero esa cosa tan sencilla se torna compleja y creo que esto se puede deber en parte al mercado. A la ideología capitalista del mercado que impone ciertos parámetros de cómo debe de ser la música y el arte. Esa es la forma en que nos van intoxicando y esa es con la que llegamos al concierto y si lo que se nos presenta no tiene un ritmo bailable, si no tiene una melodía que pueda cantar en el baño, entonces probablemente está mal. Es más, puede ser que no sea tanto por el poco bagaje histórico sino más bien por el demasiado “bagaje comercial” que tenemos, se nos convierte en una especie de gestalt. Para enfrentarte a la música lo único que necesitas es oreja, estar dispuesto a escuchar y eso aunque parezca sencillo es complicado. ¿Cuáles serían las estrategias? No dejar de hacerlo, y sobre todo esto que ustedes hacen, acercarse por ejemplo, a esta noción de meter las manos en la electrónica de una manera empírica, creo que esto propicia en las personas el hacer una conexión con lo que pasa en este momento.

“Colocamos comillas en los límites de la ciudad, detrás de los monumentos a Guadalupe Posada y Saturnino Herrán respectivamente. Recorrimos la ciudad ahora como una cita de Aguascalientes”.

Omar Fraire

¿En qué otras formas de arte has incursionado?

En varias cosas, al principio eran cuestiones de teatro y de danza. Como compositor, te encargan la rola y obedeces a la idea de un coreógrafo o un director. Después tuve la oportunidad de asistir a residencias en las que trabajábamos en torno a una construcción transdisciplinar del arte y esto me abrió el campo. Era una cuestión de perder el miedo al error, al performance, etc. Meterse en la disciplina del otro y poder habitar espacios como por ejemplo, el de la medicina o hasta el de la contabilidad y entenderlos como posibles cruces con el arte, desde ahí creo que me he metido en cuestiones de performance, cuestiones teatrales, escultóricas, espaciales, sociales, e incluso situaciones que no sé en qué categoría quedan.

¿Podrías hablarnos de alguna intervención de este tipo que te ha gustado más?

Sí. Hay una intervención que hacíamos en bancos. Un amigo y yo de pronto nos preguntamos, ¿en dónde sería imposible ver una obra de arte? Me parece que esto va en relación a lo que me preguntabas sobre: “¿Cuáles serían las estrategias para que el arte contemporáneo pueda ser bien recibido?” Yo siento que una de ellas sería mostrar el arte fuera de los recintos en donde se supone que debe suceder. ¿En dónde puede suceder menos el arte? Nosotros pensamos: en los bancos, vamos a hacerlo en los bancos. ¿Cómo lo hacemos? Llegamos a una conclusión y diseñamos un plan en donde cada uno de pronto se encontraba ante la oportunidad de estar en un banco y entonces ahí y en ese momento creábamos una pieza de arte, la que fuera, un gesto, una intervención efímera, tal vez movía una silla o modificaba algo en el entorno.  Al salir del banco le mandaba un mensaje a mi amigo: “Hay una pieza en tal banco”. Entonces sin decirle qué cosa era, él tenía que venir, buscarla y tomar una foto. Todo el tiempo desde que decidimos que iba a pasar eso, estaba sucediendo la pieza, esperábamos que sonara el teléfono y eso ya era la obra. A mí me llegaba un mensaje y yo iba corriendo al banco a buscar. Desde que llegaba al lugar ya existía la situación de arte, cualquier cosa que sucediera ahí, podría ser la pieza de arte, cualquier cosa. Entonces yo tomaba una foto a lo que pensaba que era y llegaba a donde estaba mi amigo y él a lo mejor me decía “no es”, pero no importaba, porque entonces se convertía aquello en la pieza. Ya la foto y el hecho de ver ese material creado era lo importante, crear una extensión material de ese momento.

¿Cuál es la intención al hacer este tipo de intervenciones?

Primero es no detener la fuerza creativa, en principio dejar que la creatividad se desfogue sin tener prejuicios. Discutir sobre como extendíamos la temporalidad de una obra nos interesó bastante, después de hacer estas piezas. Lo demás en relación a esa creación es pensar: ¿qué demonios hace el arte?, ¿necesita público el arte? Nosotros no necesitamos público. ¿Quién era el creador? Todos. Llegabas al banco esperando encontrar una pieza creada pero en realidad te estabas convirtiendo tú en el creador sin importar que alguien supiera que eso sucedía. El arte es como una grieta, uno piensa que la realidad está compuesta de cierto modo específico pero de pronto aparece algo por donde develas lo posible, por donde te puedes colar, esa posibilidad de algo más, la grieta en la realidad donde puede ser explorado plenamente el mundo, la vida.

¿Cuál es tu opinión sobre el aprendizaje dentro de la academia?

La academia es una herramienta más, es un legitimador y creo que entre menos la utilicemos puede ser mejor. Ser autodidacta en sí es una escuela en la que no tienes reglas fijas y en donde puedes utilizar incluso la ignorancia como una herramienta. Por ejemplo puedes acercarte a hacer esculturas olvidando, como técnica, lo que se supone debe ser la escultura y llegar a otras posibilidades que jamás te hubieran pasado por la cabeza dentro de la academia. En cambio la escuela es una línea, es un camino en el que más o menos tienes todo dado y delimitado.

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